Arte y tecnología en Argentina: los primeros años
Publicado en: Leonardo Electronic Almanac, 13:4, Abril 2005.
Las relaciones entre arte y tecnología poseen una extensa historia en el arte argentino. Los experimentos con luz y movimiento de los 1940s fueron los precedentes de las diferentes corrientes que se desarrollaron durante la década de 1960, que incluyen al arte cinético, el video arte y algunas incursiones en el cine expandido.
La primera vanguardia argentina fue: Su Manifiesto Invencionista (1946): “La estética científica reemplazará a la milenaria estética especulativa e idealista… La metafísica de lo Bello ha muerto por agostamiento. Se impone ahora la física de la belleza”. La búsqueda de un arte de “ordenación dinámica móvil” independiente de “expresión y representación” favoreció la producción de obras con movimiento. Experimentos tecnológicos en los sesenta: Este interés se encontraba tanto en las producciones artísticas como en las discursivas. En las primeras, hubo un gran número de obras que hicieron uso de nuevos materiales y una tendencia definida hacia el op-art. En la segunda vía hubo algunos textos programáticos como el Manifiesto del Arte Generativo (1960), e importantes reflexiones, como el texto inédito de Luis Felipe Noé, El Arte entre la Tecnología y la Rebelión (1968), donde el autor meditaba sobre el impacto de los medios masivos y la tecnología sobre el arte y la sociedad. Simultáneamente, muchos artistas investigaron con dispositivos mecánicos y electrónicos, luces, máquinas, nuevos materiales, proyecciones fotográficas y cinematográficas, sistemas de sonido, video y computadoras.Una de las corrientes más importantes, por su producción y proyección internacional, fue el arte cinético. En Paris, los argentinos Julio Le Parc y Horacio García Rossi junto a Francisco Sobrino, Francois Molleret, Joël Stein e Yvaral fundaron el GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel) en 1960. Sostenía la necesidad de abolir la concepción del artista como genio individual. Adoptando la producción de múltiples en reemplazo de la obra única e individual, e interesados en la creación colectiva y anónima. De la Imagen al Ambiente: El “Cine Expandido”: Esa voluntad por introducir los cuerpos dentro de la imagen tenía antecedentes en obras teatrales y coreográficas realizadas en el Instituto Di Tella, donde las escenografías fueron reemplazadas frecuentemente por proyecciones de diapositivas. En la obra Symphonia (1969) de Oscar Araiz, los cuerpos de los bailarines fueron utilizados como pantallas de proyecciones cinematográficas que los transformaron en espectros danzantes. Computadoras e Inter-medios: el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) organizó el evento Argentina Inter-medios. En su catálogo, Jorge Glusberg expresaba: “En Argentina Inter-medios el uso de la música electrónica, filmes experimentales, poesía, proyecciones, danza, esculturas neumáticas y cinéticas, constituye un environment total donde los diferentes estímulos, en un intercambio dinámico, ponen los medios al servicio de la percepción audiovisual. Ya para la década de los setenta La tecnología ingresaba con sus instrumentos, que proveía al artista, era ahora, un escrutador de la realidad, un analista de los sistemas, medios y procesos que la constituyen, un exegeta de construcciones discursivas, materiales e ideológicas.
Publicado en: Leonardo Electronic Almanac, 13:4, Abril 2005.
Las relaciones entre arte y tecnología poseen una extensa historia en el arte argentino. Los experimentos con luz y movimiento de los 1940s fueron los precedentes de las diferentes corrientes que se desarrollaron durante la década de 1960, que incluyen al arte cinético, el video arte y algunas incursiones en el cine expandido.
La primera vanguardia argentina fue: Su Manifiesto Invencionista (1946): “La estética científica reemplazará a la milenaria estética especulativa e idealista… La metafísica de lo Bello ha muerto por agostamiento. Se impone ahora la física de la belleza”. La búsqueda de un arte de “ordenación dinámica móvil” independiente de “expresión y representación” favoreció la producción de obras con movimiento. Experimentos tecnológicos en los sesenta: Este interés se encontraba tanto en las producciones artísticas como en las discursivas. En las primeras, hubo un gran número de obras que hicieron uso de nuevos materiales y una tendencia definida hacia el op-art. En la segunda vía hubo algunos textos programáticos como el Manifiesto del Arte Generativo (1960), e importantes reflexiones, como el texto inédito de Luis Felipe Noé, El Arte entre la Tecnología y la Rebelión (1968), donde el autor meditaba sobre el impacto de los medios masivos y la tecnología sobre el arte y la sociedad. Simultáneamente, muchos artistas investigaron con dispositivos mecánicos y electrónicos, luces, máquinas, nuevos materiales, proyecciones fotográficas y cinematográficas, sistemas de sonido, video y computadoras.Una de las corrientes más importantes, por su producción y proyección internacional, fue el arte cinético. En Paris, los argentinos Julio Le Parc y Horacio García Rossi junto a Francisco Sobrino, Francois Molleret, Joël Stein e Yvaral fundaron el GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel) en 1960. Sostenía la necesidad de abolir la concepción del artista como genio individual. Adoptando la producción de múltiples en reemplazo de la obra única e individual, e interesados en la creación colectiva y anónima. De la Imagen al Ambiente: El “Cine Expandido”: Esa voluntad por introducir los cuerpos dentro de la imagen tenía antecedentes en obras teatrales y coreográficas realizadas en el Instituto Di Tella, donde las escenografías fueron reemplazadas frecuentemente por proyecciones de diapositivas. En la obra Symphonia (1969) de Oscar Araiz, los cuerpos de los bailarines fueron utilizados como pantallas de proyecciones cinematográficas que los transformaron en espectros danzantes. Computadoras e Inter-medios: el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) organizó el evento Argentina Inter-medios. En su catálogo, Jorge Glusberg expresaba: “En Argentina Inter-medios el uso de la música electrónica, filmes experimentales, poesía, proyecciones, danza, esculturas neumáticas y cinéticas, constituye un environment total donde los diferentes estímulos, en un intercambio dinámico, ponen los medios al servicio de la percepción audiovisual. Ya para la década de los setenta La tecnología ingresaba con sus instrumentos, que proveía al artista, era ahora, un escrutador de la realidad, un analista de los sistemas, medios y procesos que la constituyen, un exegeta de construcciones discursivas, materiales e ideológicas.
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